“¿Y si soy un fraude?” Sobrevivir al síndrome del impostor.

«El día que me descubrieron»

Ésta es una historia muy común acerca del Síndrome del Impostor, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Era martes, las 3:47 AM, y yo, la «ingeniera» más fraudulenta de Puebla, seguía pegada a la pantalla revisando por décima vez el reporte que entregaría en 5 horas.
“¿Y si mi jefe nota que no sé ni madres de Excel?”, pensé, mientras el café de la víspera me hacía bailar el estómago.

Así era mi vida: en la oficina, todos creían que era una cracksota (hasta me felicitaban por mis ideas), pero en mi cabeza yo solo pensaba:
“Es pura suerte, cualquier día se dan cuenta que solo sé ver tutoriales en YouTube”.

Mujer preocupada mirando la pantalla de una computadora en una oficina oscurecida, con una taza de café y papeles desordenados sobre la mesa, reflejando el estrés asociado al síndrome del impostor.

El autosabotaje era mi deporte favorito. Le decía «sí» a proyectos y luego me escondía como tlacuache en obra negra.
Luego, si alguien me decía “¡Eres buena!”, yo respondía: “Ay, es que me ayudó mi compa el ChatGPT” (mentira: le sudé como tamal en vaporera).
Mi récord: postergué una presentación hasta que mi laptop “accidentalmente” se infectó de malware (sí, me creí mi propio cuento).

El día que todo se fue al carajo, mi jefa me pidió liderar un proyecto ¡en inglés! (el mismo que yo había evitado por meses).
“No mames”, dije, mientras traducía frenéticamente con el Deepl.
Pero ya estando en la junta, pasó lo inesperado: ¡todo salió bien!
El cliente hasta me pidió tips.
Y yo, en vez de celebrar, me encerré en el baño a llorar:
“Chingados, ahora sí la cagué… ¡van a esperar más de mí! Porque siempre al que sabe más le exigen más, y a los que no saben les pagan de todos modos aunque no hagan nada.”

¿Cómo le hice para (casi) salir del hoyo?
Pues, confesándome con mi comadre Lupita.
Ella me decía: “Wey, si fueras tan mala, ¿por qué te siguen pagando? ¿Crees que tu jefe es pendejo?”

Entonces me puse a hacer mi lista del fraude y anoté todo lo que sabía hacer (desde resolver ecuaciones hasta quemar las quesadillas con estilo).

Una mujer joven trabaja concentradamente en su computadora en un ambiente oscuro, iluminada por la luz de la pantalla y una lámpara de escritorio. Tiene gafas y un gesto de enfoque, con una taza de café y otros utensilios de oficina en su escritorio.

Aprendí a decir: “No sé, pero lo resuelvo”.
Y en vez de fingir, empecé a preguntar sin pena: “Oye, ¿me explicas esto como para tontos?”.
Hice terapia de gritos en el coche poniendo “El Noa Noa” a todo volumen y gritándole al espejo:
“¡PINCHI SÍNDROME, YA CÁLMATE!”

Lo que aprendí sobre el síndrome del impostor es que no es humildad, es miedo disfrazado de ‘no soy suficiente’.
Todos somos como un mix, un popurrí de aciertos y cagadas.
Hasta el CEO que parece dios griego lee el Excel para Dummies en secreto.


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🧩 ¿Qué es el Síndrome del Impostor?

Este síndrome es un fenómeno psicológico que te hace dudar de tus logros.
Sientes que no mereces tus aciertos, ya sean laborales o personales, y que todo fue por suerte.
Dentro de ti, piensas que engañaste a todos para llegar a donde estás.

Este patrón tóxico muchas veces nace desde la infancia, ya sea en la escuela o en casa.
Si siempre recibiste críticas tipo:
“Nunca es suficiente”,
“Podrías hacerlo mejor”,
“Mira a tu hermana, siempre saca 10”,
“Aprende de tu prima la doctora”
pues se va formando la idea de que tu valor depende del rendimiento perfecto.

Y ese ha sido el problema en entornos competitivos como escuelas o trabajos donde solo se premia la perfección, y cualquier error, aunque no afecte el resultado, se castiga.

Uno de los peores factores es el sesgo por raza, género o clase social.
Muchas veces las minorías son estereotipadas como “no pertenecientes” a ciertos puestos, sobre todo los directivos.


💥 Miedo al Éxito: Sí existe

Aunque suene raro, sí existe el miedo al éxito.
Porque en tu subconsciente, si destacas, piensas que los demás te van a rechazar:
“Van a pensar que soy un creído”.
Y si suben las expectativas, tu cerebro grita:
“¿Y si fallo la próxima vez?”


🛠️ ¿Cómo salir del síndrome del impostor?

  • Acepta que no eres especial: todos la cagamos. Es parte de ser humano.
  • Normaliza no saber todo, pero piensa: «Puedo aprenderlo».
  • No tienes que ser perfecto: a veces solo tienes que ser suficiente.
  • Háblate bonito: trátate como a un buen amigo, no como a tu peor enemigo.
  • No te definas por un error reciente: tus logros también cuentan, no los minimices.

🔍 Datos Curiosos

  • El 70% de las personas lo experimenta alguna vez (estudio en International Journal of Behavioral Science).
  • En México, es común en profesionales jóvenes que crecieron con frases como «No te creas mucho» o «El éxito es vanidad».

Si buscas profundizar, recomiendo empezar por Clance & Imes (psicología social) o Albert Bandura (autoeficacia).


💡 Frase final (para tatuársela en el cerebro):

“El síndrome del impostor no es señal de que no merezcas estar aquí.
Es señal de que te importa.
Y eso, compa, ya es un superpoder.”

Échale un ojito a ésta nota ¿Qué es el Síndrome de Stephen Candie? – Mosaiko Digital

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