🚦Anomia Urbana: ¿Por qué ignoramos las normas viales?

¿Cuántas veces no hemos visto gente cruzar la carretera por debajo del puente o caminar por la calle en lugar de usar las banquetas, arriesgándose a ser atropellados? ¿Cuántas veces no hemos visto personas pasarse los altos sin importar la hora del día, poniendo en riesgo a otros: familias, motociclistas, ciclistas o incluso el transporte público? Y, sobre todo, ¿cuántas veces nos hemos preguntado qué pasa por la mente de quienes actúan así?


¿Qué es la anomia urbana?

Parece que la clave está en la anomia urbana, un síntoma de anomia social según Émile Durkheim. Para él, las normas solo funcionan si la sociedad las asimila como colectivamente válidas, es decir, si todos creen que esas reglas son útiles en su día a día. Por ejemplo: mucha gente prefiere cruzar la calle en lugar de subir a un puente peatonal que está a solo 15 metros de distancia. ¿Por qué? Porque lo ven más rápido y práctico, aunque sea peligroso. Claro, también influye que muchos puentes están mal diseñados: hay algunos con errores estructurales, escalones faltantes o, peor aún, ubicados a 200 metros de donde la gente realmente necesita cruzar.

Peatones cruzando la calle en una intersección concurrida con un puente peatonal visible en el fondo.

Esta anomia urbana es una analogía perfecta con las adicciones. Así como un alcohólico o un drogadicto ignora su salud y el daño que causa a los demás, las personas ignoran las reglas viales sin pensar que no solo se arriesgan ellas, sino a todos los que las rodean. Y aquí entran más factores:

  • Nadie sanciona a quienes violan las normas.
  • No hay educación vial (no solo para conductores, sino para peatones).
  • El individualismo extremo: la gente piensa en sí misma antes que en lo colectivo (igual que quien tira basura argumentando que «ya hay equipos de limpieza»).

Sí, puede que existan servicios públicos, pero ¿qué mejor forma de evolucionar como sociedad que resolviendo problemas colectivos con acciones que beneficien a todos? Solo así podremos hablar de mejorar incluso la política en México.



Excusas y un tejido social roto

El problema no es que se desobedezcan las reglas, sino que estas no atienden necesidades reales. Volvamos a los puentes: ¿cuántos son inseguros de noche o tienen escalones en mal estado? Si las normas no se perciben como justas ni útiles, la gente las ignorará. Estas conductas disruptivas surgen cuando el tejido social está roto, cuando no hay cohesión en la sociedad. Y es claro por qué: la inseguridad ha hecho que desconfiemos hasta de nuestros vecinos. ¿Cómo reconstruir esos lazos? Con talleres de seguridad vecinal, reuniones con objetivos claros y, sobre todo, dejando de poner excusas como:

  • «Todos caminan por la calle, ¿por qué yo no?»
  • «Cruzo en rojo total nadie me ve.»
  • «Los puentes están lejos y es más rápido por abajo.»

«Cuando las normas se vuelven letra muerta, la anomia se convierte en hábito.»

Datos que lo confirman: En la CDMX, solo el 12% de las personas usa puentes peatonales (INEGI, 2023). ¿Razones?

  1. Inseguridad: Puentes oscuros y solitarios.
  2. Diseño antiintuitivo: Rodeos excesivos para llegar a ellos.
Grupo de personas caminando por una calle, algunos en la acera y otros cerca de los vehículos estacionados.

¿Solución?

  • Legitimar las normas, no imponerlas.
  • Diseñar CON la gente, no para la gente (ej: nadie quiere banquetas estrechas para que entren trailers a calles con bodegas mal planificadas).
  • Reforzar el orgullo colectivo«En mi colonia sí respetamos las normas.»
  • Educar desde niños: Enseñar que respetar reglas es cuidar a todos (aunque el reto es grande, pues los malos hábitos empiezan en casa).

Como diría Durkheim: «Las normas no se obedecen por miedo al castigo, sino por sentido de pertenencia.»

Si quieres profundizar en la anomia social, busca sus obras «El Suicidio», «La Educación y sociología» y «La División del Trabajo Social».

OPINIÓN

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