Inundaciones: 🌊El Fracaso del Drenaje Capitalino😠.

Cada temporada de lluvias, el mismo libreto, la misma pesadilla. Las calles de la Ciudad de México y otras metrópolis del país se transforman, sin exagerar, en ríos turbulentos que paran el tráfico, destruyen el patrimonio y, lo más grave, cobran vidas. La retórica oficial se apresura a culpar al «cambio climático» o al «fenómeno natural atípico», pero la neta, esta tragedia cíclica es la crónica de décadas de mala planeación urbana y de una negligencia política que ya se puso cañona.

No nos hagamos tontos. El drama comienza no con la primera gota, sino con el primer aguacero que colapsa una infraestructura obsoleta y, francamente, mal administrada. Pensémoslo bien: ¿es normal que un país con la ingeniería y la historia que tenemos se paralice por tres horas de lluvia? Yo sostengo categóricamente que no. Esto es un fracaso estructural.

Hemos normalizado el caos, y eso es lo más ofensivo de todo. Nos resignamos a ver cómo millones de pesos en pérdidas se esfuman anualmente —un costo económico brutal que impacta a la economía informal y formal por igual—, mientras las autoridades se limitan a sacar las lanchas y esperar a que salga el sol, sin atacar el problema de inundaciones de raíz. Basta con ver los datos sobre el costo económico anual de las inundaciones para darnos cuenta de que la prevención es siempre más barata que el lamento.

Estación del tren Suburbano

La Venganza de la Tierra: Concreto vs. Ecosistema

El gran problema es que vivimos en una fantasía de concreto, y nos estamos ahogando en ella. Durante el siglo pasado, la ambición inmobiliaria nos hizo enterrar ríos, desecar lagos y cubrir cada centímetro de suelo con cemento, ignorando deliberadamente los ciclos hidrológicos naturales. Aguas con esto: ¿qué esperábamos que hiciera el agua que antes tenía un hogar? La respuesta es obvia, y no perdona: buscar su cauce original.

Esta digresión sobre la urbanización salvaje es crucial. No se trata solo de que las coladeras estén llenas de basura (que lo están, y es una falta de cultura cívica que nos toca corregir), sino de que la capacidad de infiltración del suelo es nula. En la gran mancha urbana, hemos convertido lo que debería ser un ecosistema de captación pluvial en una gigantesca cubeta impermeable. Y claro, el agua nos cobra el recibo con intereses. Esto es un error de diseño de la chamba de los planificadores, no un capricho del clima, ni de la mala suerte.


¿Dónde Quedó el Presupuesto? La Eterna Promesa de la Prevención

Aquí es donde el cinismo político toca techo. Cada administración promete «megaobras» de drenaje, túneles gigantes o sistemas de bombeo de última generación. Se destinan miles de millones de pesos a estas tareas, sí. Pero, la pregunta que se impone es demoledora: ¿esos proyectos realmente se terminan, y si se terminan, se les da el mantenimiento preventivo y constante que necesitan?

La experiencia nos grita que no. El presupuesto se licúa —literal y figuradamente— en el trayecto, y la falta de inversión en infraestructura se siente más fuerte en las colonias periféricas, las que siempre pagan el pato. En muchas zonas vulnerables, la gente ya ni siquiera pide ayuda oficial; solo piden que la próxima vez la lluvia no se lleve lo poco que tienen.

La clave está en la rendición de cuentas. Si ya sabemos cuáles son los informes recientes de Protección Civil sobre zonas de riesgo, ¿por qué no se actúa con la contundencia necesaria antes de la temporada? ¿Por qué se permite seguir construyendo en zonas que históricamente han sido cuerpos de agua o cauces naturales?

La respuesta es la misma de siempre: por intereses. Por dinero fácil. Por la costumbre de tapar el sol con un dedo. Dejemos de ser víctimas resignadas. El desastre natural es inevitable, sí, pero la catástrofe humana es, en gran medida, manufacturada. Ya es hora de exigir que la chamba de los gobiernos sea prevenir, no solo lamentar y simular.

OPINIÓN

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