Inquilinos conscientes, herencia protegida: El reto de la Tierra

El Día Internacional de la Madre Tierra no debería ser una fecha para postear fotos de paisajes bonitos en Instagram mientras el asfalto nos quema las patas. Es, más bien, un recordatorio de que estamos administrando una herencia que no nos pertenece del todo y que, la neta, estamos entregando con cuentas muy rojas. Para ser inquilinos conscientes, herencia protegida es la única regla que debería importar, pero parece que somos los inquilinos morosos que no solo no pagan la renta, sino que están desvalijando el departamento.

Recuerdo que, hace unos años, podías caminar por la Ciudad de México en abril sin sentir que estabas dentro de una freidora de aire. Hoy, la «contingencia» es nuestra nueva normalidad y el calor ya no es tema de conversación de elevador, sino una crisis climática de salud pública. Pero… ¿es eso realmente cierto o solo nos estamos volviendo más quejumbrosos? La neta, la Tierra no nos está castigando; simplemente está reaccionando a un inquilino que no sabe limpiar lo que ensucia. No podemos esperar un clima de bosque viviendo en una plancha de cemento que escupe humo 24/7.


🌍 El costo de nuestra huella (y no es calzado de marca)

La realidad es que en México nos encanta hablar de la belleza de nuestras playas y bosques, pero a la hora de la chamba real, la de la sostenibilidad, nos quedamos muy cortos. La pérdida de biodiversidad en el país no es un cuento chino de científicos aburridos; es el resultado de décadas de ver a la naturaleza como una despensa inagotable y no como un sistema vivo que ya nos está pasando la factura.

Es irónico. Celebramos a la Madre Tierra con discursos oficiales mientras los mantos acuíferos se agotan y las inmobiliarias devoran lo poco que queda de suelo de conservación. La pregunta que me quita el sueño es: ¿qué le vamos a decir a los morritos que vienen cuando nos pregunten por qué preferimos un centro comercial más en lugar de un bosque? La respuesta suele ser el «progreso», pero un progreso que te deja sin agua para bañarte no es más que un retroceso disfrazado de modernidad. Si queremos ser inquilinos conscientes, herencia protegida será lo que dejemos atrás, no una selva de concreto sin alma.

Vista aérea de una ciudad con áreas urbanas densas y vegetación en el primer plano, mostrando una mezcla de edificios y montañas en el fondo, bajo un cielo con smog.

📉 El mito del reciclaje individual

Nos han vendido la idea de que separar la basura y usar popotes de metal va a salvar el mundo. A ver, está chido y ayuda, no me malentiendan, pero la neta es que, mientras las grandes industrias sigan operando bajo leyes ambientales laxas, nuestro esfuerzo individual es como querer apagar un incendio forestal con una pistola de agua. Necesitamos una justicia ambiental real, de esa que no le tiembla la mano ante los intereses económicos de los de arriba.

La sostenibilidad no es una moda aesthetic para vender termos caros o bolsas de tela con frases motivacionales. Es una pinche necesidad de supervivencia. Si no presionamos por un cambio en la matriz energética y por una verdadera protección de las áreas naturales protegidas, el Día de la Tierra terminará siendo un funeral anual muy bien decorado. Hay que echarle coco: el activismo de sofá no detiene el aumento del nivel del mar ni la sequía que ya tenemos encima.

Una mano sostiene un dispositivo delgado frente a una fábrica emitiendo humo oscuro al fondo.

🌱 Una esperanza que brota entre las grietas

A pesar de todo el pesimismo que se respira, hay algo que todavía me hace sonreír: la resistencia de la naturaleza misma y de los grupos ciudadanos que no se rinden. En muchos barrios de la CDMX y otras ciudades, la gente está recuperando espacios públicos para crear ecología urbana real, desde huertos comunitarios hasta la reforestación de camellones con especies nativas que sí aguanten el trote.

¿Qué sigue para nosotros? No se trata de convertirnos en ermitaños y vivir en una cueva. Se trata de ser esos inquilinos conscientes, herencia protegida que el planeta necesita. De exigir que el Acuerdo de Escazú se cumpla cabalmente y que el cuidado del planeta deje de ser un concepto de libros de derecho para convertirse en una realidad en nuestras colonias. La Tierra tiene una capacidad de regeneración asombrosa, pero aguas, que no es infinita.

Grupo de personas trabajando en un huerto comunitario, cultivando vegetales. Una mujer usa una pala mientras un hombre riega las plantas, con casas coloridas al fondo.

Al final del día, cuidar el planeta es el acto de egoísmo más inteligente que podemos cometer: si ella está bien, nosotros también. Ojalá este 22 de abril nos sirva para algo más que para un «me gusta» en redes sociales; ojalá nos sirva para entender que no somos dueños de nada, solo somos los encargados de turno. La próxima vez que abras la llave y salga agua, o que sientas la sombra de un árbol en un día caluroso, pregúntate: ¿qué hice hoy para merecer este regalo de la Tierra? Si no empezamos a cuidar lo que nos prestaron, lo único que vamos a heredar es un desierto muy bien pavimentado. Te invitamos a seguir explorando estas reflexiones en Mosaiko.

OPINIÓN

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