La Pirotecnia💥y el Alto Precio de la Celebración en México

La temporada de fiestas y celebraciones patronales en México viene acompañada de un sonido inevitable: el estruendo de la pirotecnia. Lo que para muchos es una tradición inamovible y un símbolo de alegría desbordada, para otros se ha convertido en la crónica anunciada de accidentes, contaminación y esa dolorosa irresponsabilidad social que se niega a cambiar. La neta, la pirotecnia no es cultura; es un riesgo que nos cuesta demasiado, en vidas, en salud y en el futuro de nuestro aire que respiramos.

Hace unos días, mientras caminaba por el centro, el estallido de un cohete me hizo saltar como si me hubieran pellizcado el alma. No era una fiesta grande, solo una celebración de barrio, de esas que arman un relajo. Pero ese bum me recordó que en México, el uso de explosivos está normalizado a niveles absurdos. Los usamos para todo, caray: para celebrar un gol, un santo, la independencia o hasta la apertura de una tiendita. Pero, aguas, ¿de verdad hemos parado un segundo a echarle coco para ver si el efímero brillo de un «buscapiés» justifica los costos reales? Creo, sinceramente, que la respuesta es un rotundo y contundente no. Y debemos asumirlo ya.


💣 ¿Alegría o Alto Riesgo? El Balance Macabro

La pirotecnia es un negocio millonario, es cierto, y le da chamba a muchísima gente, especialmente en lugares como Tultepec, considerado la capital de los fuegos artificiales. Pero la regulación es, para ser honestos, una auténtica y peligrosa broma.

Vemos en diciembre, y hasta en el resto del año, cómo se vende la mercancía en puestos improvisados, en mercados, a veces a niños inocentes, sin la menor medida de seguridad. La explosión no solo daña a quien la manipula; es un peligro latente para toda la cuadra. El historial de tragedias en mercados o talleres clandestinos nos grita, nos exige, que el sistema de permisos y supervisiones es, por decir lo menos, ineficaz y corrupto. De verdad, ¿es tan difícil de entender que la pólvora es pólvora, no un juguete inofensivo? Es hora de que las autoridades se pongan las pilas y dejen de voltear para otro lado.


💨 El Daño Silencioso: Más Allá del Ruido

Pero el riesgo físico es solo una cara de la moneda. El otro lado, el que afecta a la gran mayoría silenciosa, es la contaminación.

  • Cada explosión libera partículas de metales pesados, azufre y humo que se suman a la ya terrible calidad del aire de nuestras ciudades, especialmente en el Valle de México.

  • Esto, la neta, no se va solo con un poco de viento. Es un cóctel tóxico que afecta directamente a pulmones, sobre todo a los más vulnerables: niños y ancianos.

  • Y si a eso le sumamos el sufrimiento de las mascotas, los que tienen miedo a los truenos, que huyen despavoridas y terminan atropelladas o perdidas, el panorama se vuelve insoportable. Tenemos que dejar de justificarnos diciendo que «así somos» y empezar a ser, de una buena vez, ciudadanos responsables.


🧠 De la Tradición al Sentido Común y la Seguridad

La resistencia a dejar la pirotecnia a menudo se escuda en la palabra «tradición». Pero una tradición que pone en peligro la vida, la salud y el bienestar animal y ambiental debe ser revisada y, de ser necesario, desechada. No se trata de eliminar la celebración, sino de modernizarla con sentido común.

Existen alternativas mucho más chidas, como los espectáculos de luces silenciosas o el uso de drones, que ofrecen el mismo impacto visual sin el riesgo, la contaminación y el trauma auditivo. Es hora de que las autoridades locales dejen de hacerse de la vista gorda ante el comercio ilegal y apliquen multas realmente disuasivas. ¿O vamos a esperar a la próxima tragedia para despertar del letargo cívico?

La educación, como en todo, es la clave. Necesitamos que desde casa se enseñe a los niños que hay formas más seguras y respetuosas de festejar. Delegar toda la responsabilidad a la autoridad es un error; los padres, las comunidades y los líderes de opinión tienen que tomar partido y exigir más seguridad. La explosión de un cohete es una metáfora de nuestra irresponsabilidad social. Es un estruendo que nos recuerda que no hemos aprendido a equilibrar la fiesta con el respeto al de al lado.

La pregunta que nos queda resonando como el eco de un trueno es: ¿cuántas tragedias, cuántos días con mala calidad del aire y cuánto sufrimiento animal estamos dispuestos a pagar por el breve gozo de un trueno ilegal?

Piénselo bien antes de encender el próximo

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