El Desempleo, la Informalidad y el Engaño de la Cifra

El cierre de año siempre viene cargado de balances y promesas, y este 2025 no es la excepción. Mientras el gobierno celebra con bombo y platillo la baja histórica en las tasas de desempleo, la neta es que, al bajar la cortina de la estadística, nos topamos con un fantasma conocido y persistente: el aumento de la informalidad. En este juego de cifras, la pregunta obligada es si la gente está encontrando trabajos de verdad o si simplemente se están ‘autoempleando’ para no morir de hambre. El problema no es solo un número; es la dignidad de la chamba en México.

La economía, vista desde el escritorio de Palacio Nacional, parece ir viento en popa. El número de desocupados se reduce, y eso, per se, es una noticia chida. Nos venden la idea de que la maquinaria productiva está a tope, absorbiendo mano de obra y generando bienestar. Pero aguas. A ras de suelo, la realidad es más compleja y, me atrevo a decir, más precaria. Uno se pregunta: ¿Es una victoria si el 60% de ese ‘nuevo empleo’ carece de las protecciones básicas que define una vida digna?

Sentencio: La clave no está en el ‘empleo’, sino en el concepto de «empleo decente«. ¡Hay que echarle coco a eso!


📈 Desempleo a la Baja, Calidad por los Suelos: La Cruda Realidad de la Chamba

La baja del desempleo es una de esas estadísticas que tranquiliza a los mercados internacionales y genera titulares positivos. Se acabó el drama de la búsqueda, eso nos dicen. Pero, ¿qué pasa cuando ese no-desempleado se convierte en un trabajador informal? Sin seguro médico, sin aguinaldo, sin derecho a una pensión, y con ingresos fluctuantes.

El problema es que las estadísticas de desempleo solo cuentan a quienes no tienen trabajo; jamás miden la calidad de ese trabajo que se consigue después de meses de búsqueda.

Aquí es donde entra la arteria de la informalidad.

  • La informalidad no es un sector económico, es un estado de vulnerabilidad estructural.

  • Es la forma en que millones de mexicanos, ante la falta de oportunidades formales o la burocracia aplastante, han optado por crear su propia fuente de ingreso.

  • El taxista por aplicación, la señora de la fonda, el vendedor de cubrebocas en el semáforo… todos ellos son el motor de la precariedad.

Y si bien hay que reconocer su espíritu indomable, la neta es que es un emprendimiento de necesidad, no de oportunidad. ¡Es pura supervivencia!


🏚️ La Apatía Social y la Trampa de la Precariedad: El Costo Real del ‘Éxito’

Lo más preocupante es cómo, como sociedad, hemos normalizado este fenómeno. Parece que ya nos da igual si la gente tiene prestaciones o no, siempre y cuando ‘tenga chamba’. Y eso, colegas, es un riesgo social tremendo para el futuro de México.

Un país con una mayoría de trabajadores informales es, por definición, un país con un sistema de salud frágil y una futura crisis de pensiones inminente. El gobierno podrá presumir de que la gente ya no está en la calle, pero no nos hacemos tontos: ¿quién cargará con el costo social de esa precariedad en 15 o 20 años? La factura será brutal, no lo duden.

🗣️ Cifras para Celebrar o para Reflexionar: Un Llamado a la Formalización

En este balance de fin de año, el verdadero debate no debe ser si el desempleo bajó, sino con qué velocidad sube la informalidad. Exigimos un compromiso real y contundente con la formalización.

No se trata de perseguir al vendedor ambulante o al autoempleado, eso sería un error de principiante. Se trata de crear incentivos chidos y accesibles para que el pequeño empresario pueda elegir entrar a la formalidad sin morir en el intento por impuestos y trámites.

Al final, este es un llamado a la autocrítica profunda. El gobierno debe dejar de usar las cifras de desempleo como un trofeo roto si no van acompañadas de una política social sólida. Un empleo informal es solo un paliativo, una curita barata. Y con curitas no se construye un país desarrollado. Necesitamos trabajos que ofrezcan futuro y estabilidad, no solo el día a día. De lo contrario, seguiremos siendo un país donde la gente no crece, solo sobrevive.

¿Tú, qué opinas? ¿Tu trabajo es decente o solo estás sobreviviendo al mandato de la estadística?

OPINIÓN

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