Caos de Cables en la Ciudad:⚡La Bomba de Tiempo Silenciosa

En un país donde la infraestructura a menudo corre como burro sin mecate tras el crecimiento urbano, el caótico y peligroso entramado de cables que cuelga de nuestros postes se ha convertido en una postal diaria. Pero esta imagen, tan rutinaria que ya casi la ignoramos, es mucho más que un simple problema estético; es una bomba de tiempo, un indicador de desorganización institucional y un riesgo constante para el ciudadano de a pie. ¿Hasta cuándo vamos a normalizar este desmadre aéreo? ¡La neta, ya estuvo suave!

La Ciudad de México y muchas otras urbes del país están secuestradas a la altura de los ojos por una maraña incomprensible de cables negros. Si uno se detiene un momento a observar, la vista es desoladora: postes inclinados por el peso, empalmes hechizos que parecen nidos de aves gigantes y cientos de líneas muertas o activas que se cruzan sin ton ni son. No es solo bronca de la CFE o de una sola compañía; es un síntoma de la falta de regulación, coordinación y, francamente, de la voluntad política para ordenar la casa.


🚨 La Seguridad se va por la Coladera: El Peso Muerto de la Desidia

La realidad nos cachetea: ese enredo no solo afea el paisaje, sino que pone en peligro a todos. La sobrecarga de cables en postes diseñados para un número mucho menor es la receta perfecta para el desastre. Un temblor, un vendaval fuerte, o simplemente el desgaste del tiempo, puede hacer que uno de esos postes colapse, o peor, que se genere un cortocircuito a pie de calle. ¡Aguas!

Aquí la pregunta pica: ¿quién se hace cargo de la «chamba» de retirar los cables que ya no sirven? Porque esa es otra bronca que nos tiene atorados. Cada empresa de telecomunicaciones que llega y se va, o cada servicio que cambia, deja sus líneas colgando. Nadie las quita. Es una capa geológica de cables muertos que se suma al peligro. Y las autoridades, tanto a nivel municipal como federal, parecen mirar para otro lado, argumentando que la responsabilidad es de las empresas concesionarias. Una bonita manera de pasarse la bolita que ya no nos tragamos.

Es urgente que dejen de echarse la culpa: la vida de los ciudadanos no es un balón.


💡 Una Cuestión de Dignidad Urbana y Ponerle Orden

Pero más allá del peligro físico, este caos es un reflejo de nuestra resignación urbana. ¿Por qué en otros países con ciudades de alta densidad han logrado soterrar gran parte de su cableado, o al menos mantener un orden funcional, y aquí seguimos en el siglo XIX? La respuesta, nos duela o no, es una combinación de altos costos iniciales y, de nuevo, la falta de una visión de largo plazo. Nos ha faltado echarle coco de verdad.

No nos engañemos, la solución no es enchílame otra gorda. Mover toda esa infraestructura bajo tierra es un proyecto de miles de millones de pesos y de años. Sin embargo, se pueden y se deben tomar medidas intermedias y urgentes. El orden es posible:

  • Auditorías Obligatorias: Exigir a las empresas que revisen y retiren sus cables inactivos periódicamente. Multar, y multar duro, a quien incumpla.

  • Postes Multifuncionales Regulados: Crear un estándar único y obligar a las empresas a compartir infraestructura de manera ordenada, respetando la capacidad máxima del poste.

  • Proyectos Piloto de Soterramiento: Empezar por las zonas históricas o de mayor afluencia peatonal. Hay que dar el primer paso y dejar de poner pretextos.


📣 Dejar de ser Pasivos: La Presión Ciudadana es la Herramienta

No podemos dejarle toda la carga al gobierno. Como ciudadanos, debemos dejar de ser pasivos ante el riesgo. La denuncia es nuestra herramienta más poderosa. Si un cable cuelga demasiado bajo o un poste está a punto de caer, hay que reportarlo hasta el cansancio. No es molestia, es exigir nuestro derecho a la seguridad.

El Día del Maestro nos recuerda que la educación no depende solo de la escuela, sino de los valores que se enseñan en casa, como el respeto al entorno y la exigencia de un espacio público digno. El desorden en los postes de luz no es diferente: es un problema de civismo y de exigencia. Un país que acepta que sus calles parezcan una telaraña gigante de riesgo es un país que acepta vivir en el desorden.

¡Basta de desidia! Es hora de cortar ese nudo gordiano de cables y desinterés. Nuestro paisaje urbano, y nuestra seguridad, lo merecen.

📚 El Día del Maestro y la crisis educativa en México – Mosaiko Digital

OPINION

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